EL LADO BUENO DE LA VIDA
Autor: E. Idle, a partir de la película «Los caballeros de la mesa cuadrada», de los Monty Python. Música: J. Du Prez. Versión y dirección: Tricicle. Coreografía: F. Abós. Director musical: C. Belda. Escenografía: C. Pujol. Vestuario: C. Solé. Reparto: J. Bosch, D. Juárez, F. Gil, I. Vidal, V. Ullate, J. Fontalvo, J. M. Gimeno, J. García. Teatro Lope de Vega. Madrid, 10-IX-2009.
Conviene aclarar dos ideas antes de abordar «Spamalot»: una, que no hablamos de un musical. O sí, al menos formalmente –hay abundantes canciones y números coreográficos con cuerpo de baile–, pero no en el sentido conceptual del término. De hecho, «Spamalot» es casi un antimusical, una comedia iconoclasta y de desapasionada factura sonora. Parece como si a John Du Prez y Eric Idle, los autores del montaje original, les dieran igual las melodías. La función se acerca más al terreno de la parodia que al del musical de Broadway. La segunda cosa que conviene tener clara es que, pese a lo anterior, «Spamalot» es un montaje rabiosamente divertido.
Lejos de contradecirse, ambas consideraciones se encuentran en un punto de fuga: el humor de los Monty Python. No es de extrañar que los cáusticos ingleses decidan deconstruir el género escénico más norteamericano para burlarse de él desde la lejanía que les da su idiosincrasia isleña: sólo el humor «british» de los autores de «El sentido de la vida» podría generar números como el de la canción de amor –la que todo musical, «obligatoriamente», ha de tener–, el de la Dama del Lago exigiendo más protagonismo y esa bomba sobre los cimientos de Broadway que es la canción de los judíos.
En el reparto destaca un muy divertido Jordi Bosch, regio como Arturo. Tras él, están bien Fernando Gil, que aporta la necesaria chulería a su sádico Sir Lancelot, el apolíneo Galahad de Ignasi Vidal, y el cobarde Sir Robin de Víctor Ullate. Dulcinea Juárez, experta en el género y actriz sin complejos para hacer el payaso como la Dama del Lago, es la única cantante de verdad entre tanto cómico. Además, rompe con su presencia la isabelina tradición del grupo: siempre había hombres en los papeles femeninos. Todos, en cualquier caso, conectan con el humor de los Monty Python.
Más allá de su aparente subversión contra los cánones del género (a los que al final se aviene, he ahí la única trampa del montaje), «Spamalot» es una divertida comedia de tonadillas banales y letras ingeniosas en la que sobresalen los momentos que ya estaban en la película en que se basa, «Los caballeros de la mesa cuadrada», una genial y constante digresión en mitad del ciclo artúrico. Léase: el diálogo de la paloma y el coco, la introducción de un Sir Galahad marxista, las burlas de los franceses... Por la misma razón funcionó bien en el teatro Alfil hace algunos años el montaje «Los mejores sketches de los Monty Python», que bebía del «Flying Circus»: los hallazgos cómicos del grupo de culto son un seguro y sus seguidores, legión.
Más hinflado parece por momentos el segundo acto, con escenas que, aunque ingeniosas, no llegan a la calidad que atesoraron Cleese, Idle, Palin y compañía. En cualquier caso, esta versión española se disfruta de principio a fin, las letras han sido traducidas con acierto y la sensibilidad humorística de Tricicle, a pesar de venir del teatro gestual, se hermana bien con la de sus colegas ingleses. El resultado no decepcionará a los fans. Con gente que te hace reír así es fácil olvidar los defectos y, como ellos proponen en un momento robado a «La vida de Brian», buscar el lado bueno de la vida.
Foto: Fernando Gil, Víctor Ullate, Jordi Bosch, Josep Maria Gimeno e Ignasi Vidal, en una escena de «Spamalot»